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PSU y Ranking de Notas

Sobre el acceso a la educación superior: PSU y Ranking de Notas*
Autor: Francisco Javier Gil Llambías1

La efectividad de la Prueba de Selección Universitaria (PSU) como instrumento de corte para ingresar a la universidad siempre ha sido motivo de debate en la opinión pública y entre los analistas de educación, sea porque se cuestionan sus resultados como verdadero reflejo de las capacidades académicas de los estudiantes, porque discrimina a quienes no tienen los medios económicos para enfrentar una mejor preparación o por las diferencias que provoca entre las universidades ante la asignación del Aporte Fiscal Indirecto.

Desde la época de la Prueba de Aptitud Académica (PAA) –y tal como lo dejó entrever el informe de una comisión de expertos nombrada por el Consejo de Rectores en 1992 a petición del entonces ministro Ricardo Lagos–, se sabe que los estudiantes mejor evaluados de los establecimientos de educación media municipal y particular subvencionada obtienen un promedio de 160 puntos menos que sus homólogos de la educación particular pagada. Por entonces ya se hablaba que incentivar a las universidades para que sólo consideren estos resultados como mecanismo de ingreso, era equivalente a pagarles para impedir el ingreso de los estudiantes más pobres.

Diez años más tarde comenzó a implementarse la actual PSU, con la promesa de mejorar las imperfecciones del antiguo instrumento. Sin embargo, los informes presentados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) durante los últimos dos años, proponen revisar dicha prueba, dado que durante el proceso de admisión la brecha social se ensancha, demostrando que los estudiantes de bajos ingresos tienen menos posibilidades de ingresar a una universidad perteneciente al Consejo de Rectores.
En el centro de todo este debate está la idea de que sólo los alumnos que obtienen buenos puntajes en la PSU son considerados de “excelencia académica”, concepto que a todas luces discrimina a miles de jóvenes que, por su condición socioeconómica, no cuentan con los recursos para acceder a una educación pagada que les permita prepararse para rendir esta prueba.

Como es sabido, los altos puntajes en la PSU tienen una correlación directa con la formación escolar recibida, complementada con una buena preparación preuniversitaria. Las estadísticas del DEMRE2 así lo demuestran, pues durante los últimos años los establecimientos municipales han registrado siempre resultados menores que sus pares subvencionados y pagados. A modo de ejemplo, el promedio de la Prueba de Lenguaje y Matemática, correspondiente al año escolar 2009, asciende a 454.26 puntos en los establecimientos municipales, 487.89 en los subvencionados y 609.08 en establecimientos pagados.
Este filtro PSU –que tiende a elitizar el acceso a la educación superior– ha llegado también a las carreras de formación pedagógica, tras el anuncio ministerial de becar a aquellos alumnos que a partir del año 2011 ingresen a estudiar pedagogía con más de 600 puntos en dicha prueba.

El fundamento central de esta medida se enmarca en la necesidad de reformar profundamente el sistema educativo en nuestro país, relevando la profesión docente y el nivel de quienes aspiran a ser educadores, pues en sus manos está la responsabilidad de formar a nuestros niños y jóvenes.
Ahora bien, a comienzos del mes de noviembre un sondeo realizado por Adimark y Elige Educar dio cuenta de que las personas pertenecientes a los sectores socioeconómicos bajos son quienes más valoran la carrera de pedagogía y que sólo el 36% del segmento ABC1 considera que “es un orgullo ser profesor”. Ambos sondeos ratifican los estudios realizados por el PNUD3.

Cabe preguntarse entonces si los incentivos ofrecidos a los estudiantes de altos puntajes en la PSU que opten por las carreras pedagógicas, no constituyen una fórmula para convertirla en una opción válida para los sectores más acomodados de nuestro país, que como ya se ha dicho, son los que registran mejores puntajes. En este contexto, resulta válido cuestionarse si relevar mediante esta fórmula la profesión docente implica que las pedagogías se ubiquen dentro de las preferencias del grupo socioeconómico alto, marginando indirectamente a buenos estudiantes de escasos recursos, por mucho que tengan igual o mayor vocación para ser profesor.

Como Rector de una casa formadora de profesores, he sido claro en reconocer toda medida que busque mejorar nuestro sistema educacional, provenga del ámbito público o privado. Por ello, ante el anuncio de esta nueva beca recomendamos al Mineduc que los estudiantes que finalicen su educación media con NEM4 en el 5% superior del ranking de su promoción fueran eximidos del resultado en la PSU. Esto se logró parcialmente, pues el requisito de los 600 puntos se cambió por 580. Reconocemos que se haya hecho este cambio, al mismo tiempo anunciamos que insistiremos en nuestra recomendación.

Hemos planteado en los últimos 18 años, y lo seguiremos haciendo, que parte del desafío que tiene la institucionalidad para mejorar la educación del país, es incorporar otras variables que intervienen en el “talento” de los jóvenes y no sólo el puntaje PSU. Me refiero puntualmente al Ranking de notas de la enseñanza media, pues éste es un reflejo de la facilidad y gusto por el estudio que el alumno ha demostrado día a día durante cuatro años y que debiese ser considerado al momento de la selección universitaria.
Es por ello que en nuestra universidad no sólo tenemos un puntaje corte de 500 puntos en la PSU para las carreras pedagógicas –requisito exigido por el Mineduc para ser universidad “elegible”– sino que admitimos en el programa de Bachillerato a estudiantes que obtengan más de 700 puntos en la escala Ranking 2.05, cualquiera haya sido el puntaje en la PSU. Una vez finalizado el Bachillerato, pueden continuar estudios en todas las carreras de nuestra casa de estudios, incluidas obviamente las de pedagogía.

Este puntaje refleja la capacidad para el es¬tudio y la perseverancia del alumno para aprovechar las oportunidades de aprendizaje que le ofreció su establecimiento. Dicho de otro modo, quienes lo¬gran ser los estudiantes mejor evaluados de cada colegio, son aquellos que mostraron tener la aptitud y la constancia necesaria para obtener los máximos beneficios de las pocas o muchas oportunidades de aprendizaje a las que estuvieron expuestos. Este ta-lento se encuentra democráticamente distribuido, por lo que el ranking estimulará a los estudiantes más capaces y perseverantes del país por estudiar pedagogía, con independencia de su origen social.

Considerando que el puntaje Ranking 2.0 toma como base las notas de los egresados en los tres años anteriores, se elimina la posibilidad de inducir una competencia deshumanizadora entre los estudiantes de un mismo establecimiento. De mismo modo, se previene que los colegios expulsen a estudiantes de bajo rendimiento escolar pues, si lo hicieran, el pro¬medio de notas de los egresados del colegio subiría (artificialmente) devaluando en consecuencia el valor de esas notas.

Este sistema también previene que estudian¬tes de establecimientos con promedios bajos (even¬tualmente los más exigentes) se cambien a colegios de promedios altos (quizás los menos exigentes), pues en este segundo colegio sus notas tendrán menos valor en el puntaje ranking; y un cambio de colegio en la dirección opuesta es de alto riesgo.

La alta capacidad del rendimiento escolar para predecir el rendimiento universitario es recono¬cida en todo el mundo, lo que ocurre en Chile es que las notas de distintos colegios no son comparables.
El puntaje Ranking 2.0 obtenido a partir de las notas corrige esta distorsión.

Otro importante mecanismo que contribuye a la equidad y a acotar las brechas sociales en la educa¬ción superior es el programa Propedéutico-UNESCO, que constituye una vía de ingreso, destinada a jóvenes de cuarto medio provenientes de sectores desfavore¬cidos, cuyas notas los ubican en el 5% superior de su establecimiento educacional. Tras asistir a clases duran¬te un semestre, todos los días sábado, estos jóvenes ingresan a un programa de Bachillerato, sin el requisito de la PSU.

El principio orientador del sistema prope¬déutico –que actualmente funciona en seis univer-sidades6– es que los talentos están distribuidos de igual manera en todos los sectores de la sociedad. Lo anterior, sumado al hecho que nadie bien informado niega que las notas de enseñanza media son un me¬jor predictor de rendimiento académico que pruebas estandarizadas de selección como la PSU, dan origen a los propedéuticos. En efecto, las investigaciones que hemos realizado dan cuenta que los alumnos mejor evaluados en sus colegios tienen muy buenos rendi¬mientos académicos en la universidad, lo que se refleja también en buenas tasas de retención y de titulación.

Estamos ciertos de que actualmente las no¬tas de enseñanza media no tienen la misma relevancia que el puntaje PSU en el sistema terciario, medida que excluye a un importante grupo de jóvenes que se es¬forzaron durante toda su vida escolar y que se ha con¬vertido en uno de los mayores problemas del acceso equitativo a las universidades del país. En adición, una adecuada valorización de las NEM otorgará mayor im¬portancia al rol de los profesores y a la motivación de los alumnos por estudiar, mejorando fuertemente la calidad de la educación en Chile.

De ahí lo relevante de ir sumando esfuerzos para reconocer a todos aquellos que fueron buenos alumnos en la educación media, a través de un sistema de ponderaciones en que se reconozca mayoritariamente la trayectoria escolar.

____________________________________________________
*Extraído de “Reflexiones críticas de los ‘otros expertos’ en torno a los cambios en la política educativa chilena”. Docencia N°42. Diciembre 2010

  1. Rector Universidad Católica Silva Henríquez. Responsable de la Cátedra Unesco sobre Inclusión en la Educación Superior
  2. Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional. Organismo técnico de la Universidad de Chile responsable del desarrollo y construcción de instrumentos de evaluación y medición de las capacidades y habilidades de los egresados de la enseñanza media, a su vez encargado de la administración del sistema de selección a la educación superior.
  3. PNUD. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
  4. Promedio de Notas de Enseñanza Media. Se calcula sumando todos los promedios finales de las asignaturas cursadas de primero a cuarto medio.
  5. El puntaje Ranking 2.0 se obtiene asignando 500 puntos al promedio obtenido por los alumnos que igualen el promedio de notas de su establecimiento, el que a su vez se determina a partir de las notas de los egresados en los tres años anteriores. De este modo, si un estudiante egresa de cuarto medio con un promedio de notas superior al promedio del establecimiento tiene un puntaje ranking superior a 500 puntos y viceversa, con un máximo y un mínimo de 850 y 150 puntos, respectivamente.
  6. Universidad de Santiago de Chile; Universidad Cardenal Silva Henríquez; Universidad Alberto Hurtado; Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación; Universidad Tecnológica Metropolitana; Universidad Católica del Norte (Sede Coquimbo).
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